Opinión

Volver a construir (nuestro espíritu emprendedor)

Estar formados y seguir sin empleo de poco sirve para arreglar nuestra crisis

Hace poco que ha comenzado el año académico y con alegría recibo la noticia, de primera mano, sobre la gran afluencia de nuevos estudiantes en la UMU (Universidad de Murcia). Me comenta mi fuente que incluso carreras deficitarias como Filosofía o Filología están a rebosar; que en Ciencias de la Comunicación la nota de corte en junio estuvo rondando el 8’5, que los que quisieron entrar en septiembre simplemente se quedaron fuera. Como he dicho, con alegría recibo estas palabras, pero una alegría contenida, más bien.

O la influencia de Alfonso X en Murcia varios siglos después es mucha y todos queremos ser eruditos, o la crisis es peor y se está cargando los últimos puestos de trabajo en la región huertana y la gente se está agarrando a la formación como a un clavo ardiendo.

Es muy positivo subirse al carro europeo del longlife learning o aprendizaje a lo largo de la vida; también es positivo dejar los puestos de la Formación Profesional y universitaria a los jóvenes en edad de estudiarla. Una chica de diecisiete años se quejaba de haberse quedado desocupada todo un año porque no la aceptaron en ninguna de las cinco opciones que solicitó; ni cursos, ni escuelas, ni nada para ella. Un año perdido. En muchos casos los adultos están ocupando las sillas que corresponderían a los jóvenes. Pero claro, algo tienen que hacer los que se vieron en la calle sin trabajo de la noche a la mañana. Comprendo que todos queremos formarnos, saber más, aprovechar el tiempo, pero el Gobierno no puede olvidarse de que muchos jóvenes se están quedando fuera porque hay demasiados adultos ocupando sus plazas.

Escucho a Mariano Rajoy repetir que la prioridad es crear empleo. Y, ¿qué está haciendo para lograrlo? Porque tener las aulas rebosantes nos dará como resultado gente más formada pero igualmente en busca de empleo. Echo de menos un plan de choque, algo radical, como escuelas de emprendedores gratuitas; fondos sin fondo para aliviar de impuestos a las nuevas empresas; bonificaciones para nuevos empresarios menores de cien años; oficinas, internet y asesores a coste cero para emprendedores; educación para la innovación y el desarrollo sin matrícula; foros y conferencias para todo el que esté interesado, etc. Hay que crear, y digo crear como quien dice construir, ladrillo a ladrillo (de esos que tanto antes nos gustaban), ese espíritu emprendedor. Se acabó el terminar los estudios y buscar trabajo. Ya no hay trabajo. Hay que crearlo. Al tiempo que nos formamos, tanto jóvenes como adultos, nuestro Gobierno debería estar focalizando sus esfuerzos en resucitar ese espíritu emprendedor y apoyarlo con todo tipo de medidas.

Muchos no desarrollan su idea de empresa porque se asustan con la avalancha de impuestos, les retrae la lentitud de la anquilosada burocracia española o les frena el miedo al fracaso. El peor fracaso es no intentarlo, esto lo tienen muy claro en los países más industrializados, por eso lo están. Y España sigue ahí, a caballo entre dos siglos, no sé si entre el XXI y el XX o el XX y el XIX.

Es el momento de adoptar medidas, repito, radicales, nunca vistas, para reavivar ese espíritu emprendedor, el único que puede crear empleo y por consiguiente, salvar nuestro país, al que lo único que le pasa, es que «nadie» tiene trabajo.


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Lydia González

Lydia González Zapata, periodista y escritora, ha vivido en Francia, Holanda y Polonia. Entre otros medios, ha colaborado en Radio Círculo Dilecto en Amsterdam, y trabajado como profesional independiente para empresas e instituciones.

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