OpiniónSociedad

Vaya cochazo, nena

«Es que como vamos a tener otro hijo (el segundo) había que comprar un coche así». O su variante: «Es que como vamos a tener un hijo (el primero), había que comprar un coche así». El coche en cuestión es un suburban. Otro de esos goles que nos mete EE.UU. en perfecta rosca mediática ajustada a la escuadra. Un suburban es el 4×4 de toda la vida, pero domesticado. Igual de tocho pero con acabados más refinados. Vamos, que lo encarecen aún más. Al mando suele ir una mujer de mediana edad, con esa melenita acorde al dulce y apasionante momento vital. La tanqueta no ha pisado un camino de tierra ni en la foto del catálogo. Que para eso está el Photoshop, que no os enteráis. Ni terraplén pedregoso, ni duna vertiginosa… la maniobra más ‘salvaje’ ha sido meterle un llantazo aparcando marcha atrás en el Hipercor.

¿Esta maneta de aquí cuál es?
Cariño, se llama tracción trasera.
¿Y por qué está tanto alto para subir, ‘collins’, que me duele este músculo (se señala el cuádriceps)?
Cariño, es por si, atravesando un sendero cenagoso, el lodazal del terraplén se cuela en la cabina.
¿Lodazal, cenagoso, terraplén… de quién?
Da igual, déjalo. Tú ponte el cinturón.

Claro que da igual. Lo que importa es que vale un riñón, consume un huevo y si te sientes seguro en pleno casco urbano. Te da la movilidad de la reina en el ajedrez; revientas toda casilla adyacente. Con la tanqueta puedes invadir indistintamente el carril de la izquierda, el de la derecha o, que tampoco pasa nada, el de los taxistas, que son un poco cabrones y ellos hacen lo mismo.

«Ya se apartarán cariño cuando vean tu guardabarros de adamantium forjado por enanos de las montañas asomar amenazantemente en sus ventanillitas«. Pero eso es lo de menos. O no. El caso es que me estoy desviando.

Escribía esto por lo de las necesidades que nos están colando por la escuadra. El bombardeo consumista es tal que nos impide escuchar el sentido común. Dudo que por comprar en función de nuestras necesidades se desestabilice la dinamo capitalista. Rodará igual, pero más racionalmente. Coño, no te lleves 30 yogurts si la semana sólo te da para jalarte 12. ¡Aunque te ahorres 70 céntimos! Va, espabila, que no dejan de torearte en el supermercado.

Mi madre nos llevaba a mi hermano y a mí, con nuestras bolsas de deporte, mochilas del cole y demás parafernalia infantil en un Renault 5 de segunda mano que en invierno arrancaba mi padre a empujones. Ni mi hermano ni yo hemos tenido que ir al psiquiatra aquejados por punzantes y cíclicos traumas claustrofóbicos. Supongo que mis padres no tenían dinero para un coche mejor o, quiero creer, aquel les parecía suficiente y prefería destinar ese dinero a otras necesidades. Por entonces ya existían los modelos 4×4. No muchos, pero los había. Eso sí, sólo los compraban la gente que vivía en el campo y la montaña. Ya saben, personas que debían desplazarse hasta lugares de difícil acceso; de carreteras asfaltadas, caminos angostos y taludes de vértigo. Gente que debía transportar kilos de leña, perros de caza y enormes tolbas de pienso.


Creative Commons LicenseDerechos sobre la fotografía: James Vaughan via Compfight


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