Opinión

¿Por qué los ciudadanos deberíamos preguntar «Por qué»?

Si uno invierte su dinero en una gran compañía lo lógico es que haga un seguimiento regular de cuál es la gestión que se está haciendo de sus recursos y cuál es el rendimiento económico que está obteniendo por su inversión.

Sin embargo, cuando hablamos de la empresa más grande en la que como ciudadanos estamos invirtiendo parece que el sentido común brilla por su ausencia y, casi de una forma inexplicable, asistimos a la renuncia voluntaria del derecho y, por qué no decirlo, de la obligación de pedir explicaciones a aquellos que manejan nuestro dinero y gestionan una empresa tan valiosa para nosotros y nuestros hijos como es España S.A.

Quien gobierne España S.A., además de contar con la confianza del accionariado, debe gestionar los recursos de los que dispone de una forma responsable y eficiente. Jamás debe tener la sensación de sentirse al mando de todo y, ni mucho menos, debe ejercer su gobierno a espaldas de los intereses de quienes son los verdaderos propietarios de la compañía: los ciudadanos. Y es que ¿Quien en su sano juicio actuaría en contra de los intereses de sus inversores?

Si, por el contrario, los ciudadanos nos despreocupamos de velar por los intereses de nuestra inversión, quien debe gestionar los fondos se sentirá legitimado para hacer y deshacer lo que quiera, como quiera y cuando quiera, argumentando que lo hace por el bien general y guiado por una «fuerza divina» que no es otra que su grupo cercano de asesores y su propio criterio personal.

Quien ejerce el gobierno nos conoce bien, muy bien

Resulta sumamente interesante apreciar que un porcentaje reducido de personas conocen muy bien la condición humana y exploran sus debilidades de una forma realmente magistral. En todo el mundo, y ya no me refiero sólo a España S.A., la cultura del entretenimiento, de la manipulación de los medios y, en definitiva, la habilidad única de coartar el acceso a la información verdaderamente relevante, es una práctica que conduce a la anestesia general del accionariado y, por tanto, permite a quien gobierna ejercer un poder mucho más importante que el que realmente se le atribuye en los estatutos.

Por ello, es fundamental que hagamos un ejercicio responsable de nuestros deberes y obligaciones como ciudadanos para de ese modo no entregar una carta blanca. Para que quien deba gestionar nuestros respectivos países sienta el temor que siente todo aquel sabedor de que si no hace bien las cosas será despedido.

Por muchas y muy loables que sean nuestras «distracciones», siempre debemos asignar el peso específico adecuado a cada una de ellas para así poder discernir entre lo que es verdaderamente relevante y lo que debe quedar en un segundo plano, esto es, en el plano del mero entretenimiento.

En el conocimiento reside el verdadero poder

Cuanto mayor sea el nivel de conocimiento que como ciudadanos atesoremos sobre las instituciones tanto públicas como privadas que influyen sobre los destinos de nuestro país, mayor será el peso específico y el reconocimiento que nos ganemos entre quienes nos gobiernan y, por tanto, mayor será nuestra capacidad de control y más cualificado será el criterio que empleemos para velar por la correcta gestión de los recursos. Solo así podremos obtener resultados satisfactorios para todos.

Por contra, si no alineamos nuestras expectativas con las verdaderas necesidades de nuestro país despreocupándonos de nuestros deberes y obligaciones, desatendiendo además la curiosidad que debe ser la antesala de nuestro conocimiento, estaremos delegando una gran responsabilidad que tiene un impacto de grandes dimensiones sobre nuestro presente y, sobre todo, nuestro futuro.

¿Por qué deberíamos preguntar «Por qué»?

  • Porque los ciudadanos que pagamos impuestos somos los verdaderos propietarios de esa empresa llamada España S.A. y, por tanto, los que mayor legitimidad tenemos para pedir explicaciones sobre lo que se hace con nuestro dinero y velar así por los intereses de nuestra inversión.

  • Porque como inversores, y al hilo de lo anteriormente expuesto, queremos obtener un rendimiento que, si bien en muchos casos no es de carácter estrictamente económico, sí debe venir en forma de servicios y bienestar social.

  • Porque quien gobierne nuestra empresa debe sentir nuestro aliento en su nuca cada vez que deba tomar una decisión en nombre de España.

  • Porque si velamos por la gestión que se hace en España S.A. evitaremos que surjan gestores que piensen que pueden actuar de manera impune y en beneficio propio y, consecuentemente, a espaldas del interés general.

  • Porque un ejercicio responsable de nuestros derechos y obligaciones como ciudadanos generará un diálogo saludable entre las instituciones y nosotros para juntos poder atender a las necesidades y expectativas de nuestra empresa.

  • Porque cada decisión que tome uno de nuestros gobernantes tendrá su oportuno seguimiento y, si ejercemos ese seguimiento, quien haya tomado la decisión se sentirá en la obligación cuasi constante de darnos explicaciones sobre sus efectos, lo que contribuye a que las decisiones se tomen con criterio, en aras del interés general y nunca a la ligera o en beneficio de unos pocos.

Preguntar no es tan difícil y además es saludable

En un entorno de profunda crisis como en el que nos movemos, debemos sentirnos partícipes ahora más que nunca de la gestión que hacen las personas a las que hemos otorgado nuestra confianza y, del mismo modo que les apoyamos en sus decisiones, debemos velar porque sean realmente las correctas y, si pensamos lo contrario, debemos expresar, además de nuestro descontento, las posibles alternativas que entendemos serán las más eficaces para revertir la situación.

La responsabilidad de decidir es de todos, no sólo de quienes nos gobiernan.

Debemos pensar que la gestión de un país es un trabajo de equipo, un trabajo de quienes gobiernan sumado a las aportaciones y opiniones de los ciudadanos ya que sólo de ese modo los accionistas nos ganaremos el respeto y la consideración de quienes nos gobiernan y así desde la «inteligencia colectiva» y no desde la «anestesia general», podremos construir un verdadero proyecto de futuro.


Creative Commons License Derechos sobre la fotografía: paurian via Compfight


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Juan Carlos Navarro

Emprendedor...O más bien explorador (me gusta más). Fundador de @ideasclavemag @marketinlife y @genexigente Mi máxima: el aprendizaje constante.

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