Arte y Cultura

¿Las ideas cambian la cultura o es la cultura la que cambia las ideas?

Parece que cuando fijamos los ojos en un país rico y desarrollado intuimos que su prosperidad va a ir en aumento, y en el caso de un país pobre y subdesarrollado, que su situación empeorará previsiblemente. ¿Es solo culpa de sus dirigentes, de sus estrategias, o tiene su sociedad mucho que ver? Ocurre que las ideas innovadoras se dan en culturas que están dispuestas a asimilarlas o en individuos o grupos muy aislados, lejos de cualquier traza de represión.  Según Arthur C. Clarke, científico y escritor de ciencia ficción, la tecnología punta, la idea radicalmente nueva, es indistinguible de la magia, y generalmente, la magia no está bien aceptada.

Cuando una idea novedosa se expone a una cultura abierta y flexible, ésta la aceptará y se adaptará a ella; sin embargo, si es cerrada y pétrea, la ridiculizará y hará que caiga en el olvido. Hay muchas ideas novedosas que llegan de grandes firmas tecnológicas y que impactan y modifican nuestra sociedad, digamos la occidental. ¿Hemos de sentirnos orgullosos de tener quinientos amigos invisibles, de descartar las potenciales enfermedades de nuestros hijos y de seleccionar sus gustos? La tecnología más puntera influye en nuestra cultura de manera implacable. Es algo que tenemos aceptado. Hemos cambiado en el modo de conocer gente, de concebir hijos, de trabajar e incluso de enamorarnos (ahí están los chats para encontrar al supuesto candidato e idealizarlo, para, quizás, jamás encontrarse). Recordemos lo que dijo Oliver Wendell Holmes: Una vez que una nueva idea amplía la mente del hombre, es muy difícil que se vuelva atrás.

Pero, ¿qué pasa cuando una idea innovadora llega a una cultura conservadora, reflexiva y predecible? Simplemente, ésta la rechaza porque no está preparada para recibirla, por muy buena que sea; la ignora o la ridiculiza, dado que no puede apoyar ni asimilar la nueva idea. Incluso si alguien intenta integrar esta idea, no podrá ya que la cultura no está preparada para arriesgarse. En este caso, es la cultura la que ha modificado la idea. Véase el caso del científico Isaac Peral (Cartagena, 1851 – Berlín, 1895), quien vio su proyecto, la tecnología más avanzada del siglo XIX, el submarino,  decapitado por la misma cultura que había producido semejante invento, la española.

La sociedad o grupo que consigue abatir una idea, primero, se fortalece. Sus miembros se hacen más conservadores, más predecibles, más reflexivos, y la innovación se debilita. Segundo, una vez cambiada esa idea, la cultura prosigue para cambiar otras, todos sus miembros asumen que es natural que cambie la idea y no la cultura, paulatinamente más intolerante y resistente a los cambios. Como consecuencia, la cultura evitará las nuevas ideas y cambios de tal manera que los rechazará no ya si son un lujo sino incluso si son algo necesario.

La cuestión es, en una sociedad en la que la tecnología más innovadora se convierte en una necesidad, hasta qué punto queremos dejar que esas ideas modifiquen nuestra cultura o hasta qué punto estamos dispuestos a resistirnos a esos cambios.


Creative Commons License Derechos sobre la fotografía: Guy Mayer via Compfight


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Lydia González

Lydia González Zapata, periodista y escritora, ha vivido en Francia, Holanda y Polonia. Entre otros medios, ha colaborado en Radio Círculo Dilecto en Amsterdam, y trabajado como profesional independiente para empresas e instituciones.

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