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El planeta por 1€, y tu bienestar, también

El acto de comprar un artículo aparentemente barato puede parecer positivo para nuestros bolsillos a primera vista porque sólo se nos muestra el Precio de Venta al Público, pero ¿qué hay del Coste del Estado del Bienestar? ¿Y del ecológico? ¿Es realmente un euro lo que pagamos por ese abrebotellas traído desde el otro lado del planeta o es mucho más? La crisis económica ha sido decisiva para el nacimiento de la sociedad Low Cost, ésa en la que compramos preferentemente lo barato, sin pensar en su repercusión. Miguel Conde, fundador del movimiento Knowcosters, nos recuerda que «cuando consumimos votamos por el tipo de mundo, de sociedad, en la que queremos vivir». Lo entrevistamos para profundizar en el alcance de nuestras decisiones de compra.

Pregunta.- ¿Quiénes son los grandes beneficiados de la sociedad low cost?

Respuesta.- En último término, los productores de productos low cost: son pocos, grandes y globales. Suelen tener nulo compromiso social porque no son, en realidad, “de ningún sitio”. Por cada uno de los puestos de trabajo que generan destruyen decenas. Además, hacen que las sociedades crezcan “en falso” porque proporcionan unos pies de barro a economías gigantes. Por cada décima que aportan al PIB hacen que se destruya mucho más de lo que se creó.

P.- El poder del voto cada cuatro años se percibe como el súmmum de la participación, pero no hay más que pararse a pensar un minuto para ver que nuestro poder es otro: el consumo. ¿Quién está detrás de todo esto? Los políticos, las grandes empresas, …

R.- Es cierto, que desde hace siglos el concepto de sociedad y el concepto de mercado son cada vez más idénticos. Si la sociedad es a la postre un mercado, este no es otra cosa que alguien que vende y alguien que compra. Por lo tanto, en función del comportamiento del vendedor y del comprador, así será la sociedad resultante.

El comportamiento del vendedor se ve recompensado en el reconocimiento y la confianza dada por el que le compra, el consumidor. De ahí viene la trascendencia del hecho de comprar y su innegable naturaleza política del acto de compra.

Es por está razón por la que debemos de ser conscientes de este hecho, y actuar en consecuencia aprendiendo a manejar este mecanismo de influencia social que yo califico en mi libro como: “el acto cívico más importante que puede llevar a cabo un ciudadano en la sociedad actual”. Si adquirimos un producto que promueve la desigualdad social, provoca restricciones de los derechos civiles, estimula enormes diferencias económicas o proviene de una dictadura… todo ello se verá reforzado cada vez que nuestra decisión de consumo “vote” por ellos.

P.- Las grandes marcas, la publicidad, desean convertirnos en consumidores autómatas, al mismo tiempo nos han dado un arma muy poderosa: el acto de comprar. ¿Cómo podríamos aprender a utilizarla?

R.- Nuestra propuesta de Knowcosterismo se centra en el conocimiento. Es una especie de “consumo ilustrado”, que demanda información y la tiene en cuenta. Los Knowcosters, no decimos lo que está bien o lo que está mal, simplemente promovemos el acceso a la información y a que los fabricantes la den. Disponemos de una página web: www.knowcosters.com, en donde informamos de temas con relación al conocimiento del consumo. Para que, con todo ello, el consumidor pueda elegir con la misma libertad que lo hacía hasta ahora, pero sabiendo. Para que se consuma como se piensa.

P.- ¿Cree que las empresas estarían dispuestas al Triple Marcaje? ¿Cómo cree que influiría eso en los consumidores y en nuestra sociedad?

R.- Mi propuesta del Triple Marcaje trata de evidenciar de que hay cosas que pagas indirectamente y que no se reflejan en el precio. No puede ser lo mismo un producto que genere empleo sin destruir, que otro que lo haga a costa de arruinar a un mercado y provocar paro, del cual, acabamos pagando todos a través de nuestros impuestos. No es lo mismo respetar los acuíferos de una zona, que destrozarlos.

Todo esto tiene que estar valorado, y no en palabras; sino en números. En el precio que estás pagando. Los productores que tengan buenas prácticas estarán sin duda encantados de poder poner en valor políticas de producto que actualmente pasan desapercibidas, ocultas por la única variable en la que realmente parece rentable invertir hoy en día: en la competitividad del precio. Si no conseguimos que se valoren estas políticas, se acabarán, y con ello, evitando todo I+D que no sea en optimización de costes; con sus catastróficas consecuencias sociales a corto, medio y largo plazo.

El Triple Marcaje tendría una gran influencia: pondría en conocimiento determinadas actuaciones en contra y a favor del Estado de Bienestar y del Coste Planeta, que actualmente están más en el territorio de las buenas intenciones. Facilitaría el proceso de ajuste entre el consumo y la forma de pensar. Y propiciaría una sociedad con más matices y no tan binaria como es: barato / caro.

P.- ¿Hasta qué extremo nos puede llevar seguir apoyando la sociedad low cost?

R.- Nuestras madres nos enseñaron la siguiente frase: “a veces lo barato sale caro”. No creo que imaginemos lo caro que podría llegar a costarnos algo. Hacer una proyección de lo que puede suceder es realmente muy sencillo. En primer lugar, para poder vender barato se ha de producir barato. Con lo que los costes deben disminuir, principalmente el de la mano de obra, con lo que esto se traduce en despidos o en bajadas salariales. Esta sería una primera consecuencia.

Las industrias cada vez generan proporcionalmente menos empleo, y sin embargo, el planeta cada vez tiene más habitantes. Me parece realmente ridículo aquellos que hablan de trabajos de valor añadido, de la economía de la información… ¿Quieren decir que habrá siete mil millones de programadores informáticos? Es absurdo.

En segundo lugar, la siguiente gran consecuencia sería la destrucción galopante de oportunidades laborales que se dan hoy en día. En el sector primario, la agricultura genera un valor añadido ridículo comparado con el sector terciario dedicado a las finanzas. Por último, la tercera gran consecuencia del low cost sería una mayor dependencia del capital, provocando un desequilibrio en la mano de obra.

No nos engañemos: el que baja el precio lo hace para expulsar a sus competidores. Y cuantos menos tenga, más poder tendrá.


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Lydia González

Lydia González Zapata, periodista y escritora, ha vivido en Francia, Holanda y Polonia. Entre otros medios, ha colaborado en Radio Círculo Dilecto en Amsterdam, y trabajado como profesional independiente para empresas e instituciones.

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