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El mito del librepensador

Según Wikipedia, un librepensador es «una persona que forma sus opiniones sobre la base del análisis imparcial de hechos y que es dueño de sus propias decisiones, independientemente de la imposición dogmática de alguna institución, religión, tradición especifica, tendencia política o de cualquier movimiento activista que busque imponer su punto de vista ideológico o cosmovisión filosófica«.

Por favor ¿Puede alguien explicarme si semejante panacea puede existir en la sociedad actual? Por esa razón precisamente hablo del mito, ya que el propio concepto de mito hace referencia a acontecimientos prodigiosos, protagonizados por seres sobrenaturales o extraordinarios, tales como dioses, héroes o personajes fantásticos. Por lo tanto, no es muy difícil llegar a la conclusión de que el librepensador es un ser extinto (si es que alguna vez ha llegado a existir…).

En el marco del pensamiento único los medios de comunicación ya intentan decidir por nosotros qué debe despertar nuestro interés y qué debemos dejar en un segundo plano. Gracias al todopoderoso efecto de la manipulación nos facilitan la información convenientemente masticada y digerida con lo que el desenlace de ese proceso es bien conocido por todos: mierda. Desde un punto de vista de información prácticamente todo lo que consumimos es basura, debidamente preparada, eso sí, y presentada de un modo atractivo a los ojos de un público manipulado hasta extremos vergonzosos.

Dos planos diferenciados: el de las decisiones y el del entretenimiento

Soy plenamente consciente de que en la vida todo está manipulado, hasta nuestro propio discurso, y es imposible escapar a semejante aspecto. Sin embargo, y en este contexto conviene distinguir entre lo que afecta a nuestras decisiones y lo que representa un mero entretenimiento. Digo esto porque indudablemente, si analizamos la realidad desde una perspectiva de entretenimiento podemos incluso hacer la «vista gorda» y dejar entrar una cierta dosis de manipulación. Qué más da, en pequeñas tomas y en el plano del mero entretenimiento, tampoco está mal que nos dejemos llevar un poco de vez en cuando.

Sin embargo, cuando se trata de tomar decisiones relevantes que afectan a nuestra propia vida y a la evolución de la sociedad, debemos aplicar el principio de prudencia y estar muy alerta para evitar que otros se hagan con nuestro valioso tesoro que no es otro que nuestro criterio y nuestra propia opinión. Serán más o menos acertadas, pero serán nuestras al fin y al cabo y debemos mantener la guardia para evitar posibles «intrusiones no autorizadas».

Ojos que no ven, corazón que no siente

Parece que con el ritmo de vida que llevamos, con los tiempos que corren, y aún a sabiendas de que estamos siendo constantemente manipulados, a pesar además de que por encima de todo nos ven como consumidores y no como pensadores, como mercancía con la que comerciar…Aún a sabiendas de todo esto, parece que nos conformamos con la realidad que nos dibujan y no queremos correr la cortina para conocer ni un ápice de lo que sucede en realidad a nuestro alrededor.

Y es que la venda en los ojos viene muy bien según para qué cosa, pero debemos ser plenamente conscientes de que con esta actitud llegará un día en el que quienes estén al otro lado de la cortina seremos nosotros y será entonces cuando clamemos a gritos que por favor alguien se moleste en correrla y en descubrir los horrores que esconde. Pensemos en esa situación entonces y no esperemos a estar al otro lado para reaccionar y sacudir la pereza por preguntar, por indagar y en definitiva, por centrarnos en lo esencial y descubrir con ello qué oscuras intenciones encierra la información que se nos hace llegar cada día.

¿Cómo podemos forjarnos un alma de librepensamiento?

  • En primer lugar, debemos ser conscientes de que estamos siendo manipulados. De que toda la información que se nos proporciona (y que proporcionamos), de forma deliberada o no ha pasado convenientemente por un tamiz lo suficientemente eficaz como para dejar en el camino los componentes de información que pueden ayudarnos a forjar nuestro propio pensamiento.

  • En segundo lugar, debemos determinar cómo nos gustaría vivir, eso sí, atendiendo a valores y principios fundamentales, despojando del modelo cualquier propósito material (ese vendrá como resultado de nuestras propias habilidades, trabajo y esfuerzo), para de ese modo aplicar esos principios básicos a los demás y lograr así que una aspiración individual pueda transformarse en un objetivo colectivo.

  • En tercer lugar, debemos aplicar el principio de racionalidad a todo lo que hacemos y comunicamos. De ese modo, interpretaremos la realidad del modo más objetivo posible, llegando incluso a convencer a otras personas pero siempre desde una perspectiva de análisis y reflexión.

  • Por último, y una vez forjado nuestro propio criterio, debemos instaurar un modelo de relación con los demás basada en el respeto, determinando que en un marco ideal (utópico), de sociedad, todo el mundo obra de acuerdo a principios e intereses loables y desde luego no existe una intención por entrar en el jardín de otros si no existe un motivo racional y justificado desde una perspectiva objetiva.


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Juan Carlos Navarro

Emprendedor...O más bien explorador (me gusta más). Fundador de @ideasclavemag @marketinlife y @genexigente Mi máxima: el aprendizaje constante.

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