Economía y Empresa

Crowdfunding: Cara y cruz de un nuevo modelo de financiación

El mecenazgo existe desde tiempos inmemoriales, pero Internet parece capaz de erradicar cualquier concepción inicial de nuestro mundo. Si en el Renacimiento eran las familias acomodadas las que apoyaban los más destacados proyectos artísticos, ahora la financiación no viene de parte de quienes más pueden aportar, sino de pequeños mecenas particulares que buscan participar en un proyecto común que han conocido a través de las redes sociales o las comunidades online, saltándose los canales tradicionales de financiación vertical.

No hay duda que el crowdfunding, al que también se le llama micromecenazgo, está de moda. El grupo de rock británico Marillion fue uno de los pioneros del crowdfunding. En 1997 consiguió costear su gira por EE.UU. gracias a 60.000 dólares aportados por sus fans, tras una campaña realizada por Internet. En España, uno de los casos más conocidos fue el rodaje de la película El Cosmonauta, que pudo efectuarse gracias a las donaciones de muchas personas que, como única recompensa a cambio de un mínimo de dos euros, vieron su nombre en los créditos.

A raíz de los éxitos obtenidos con este sistema de financiación en masa han nacido plataformas que centralizan proyectos creativos que cualquier usuario puede apoyar, como Kickstarter, Lanzanos, Verkami o La Butaca Escarlata. El crowdfunding se ha convertido en un negocio orientado a todo tipo de sectores, como blogs, periódicos, música o cine independiente. Los defensores de este método de financiación masiva centran sus argumentos en que es la mejor manera de apoyar aquellas ideas creativas que no encajan en los patrones requeridos por la financiación tradicional. En su opinión, el enfoque de esta acción, que permite potenciar la independencia creativa al no depender de burocracia, eclipsa cualquier desventaja.

Pero lo cierto es que también podemos observar la otra cara de la moneda en el crowdfunding. Vivimos en un momento en el que hay que apoyar a los emprendedores, pero no hay que olvidar que ese apoyo también es responsabilidad de quienes dirigen el país. Necesitamos crear un tejido cultural sólido que la microfinanciación por parte de particulares es imposible que sostenga. Los capitales institucionales no pueden ser suplidos por la ilusión del público, ya que el apoyo al arte y la ciencia es una obligación de Estado. Que el pueblo asuma responsabilidades financieras puede significar dar el primer paso en un camino de no retorno.


Derechos sobre la fotografía: Bart via Compfight


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