Economía y EmpresaSociedad

Consumo colaborativo, la nueva forma de entender el mundo

La sociedad consumista puede que aún no esté llegando a su fin, pero cada vez son más las personas que creen que no merece la pena comprar aquello que no se necesita. Por primera vez poder acceder a un bien supera en índice de satisfacción al hecho de poseerlo.

La digitalización de contenidos ha permitido al usuario caer en la cuenta de que lo que realmente deseamos no es el disco en sí, sino la música que está grabada en él. Servicios como Spotify cubren las necesidades de un público que se conforma con poder acceder a una determinada canción cuando le apetezca. Esta tendencia, asentada en la mente de muchos ciudadanos hace años, ha escalado posiciones como consecuencia de la crisis. Y hoy los potenciales consumidores, antes de comprar, tienen un gesto que lo cambia todo: se paran a reflexionar si realmente necesitan ese bien. Y si la respuesta es positiva y la persona concluye que realmente tiene esa necesidad, establece un segundo paso: ¿puedo conseguirlo por otro medio y evitarme así la compra?

Palabras como compartir, intercambiar, prestar, alquilar o regalar adquieren otro significado en estos tiempos, con un papel mucho más relevante y una dimensión desconocida, gracias a Internet. Nuestro pequeño mundo local ha pasado a convertirse en global y las nuevas tecnologías hacen posible el consumo colaborativo de una manera más eficaz.

El libro “What’s mine is yours: the rise of collaborative consumption” es la biblia del consumo colaborativo. Constantemente surgen iniciativas que nos llevan hasta esta nueva forma de vida, asentándose en la sociedad sin que tan siquiera nos demos cuenta. Hoy pagamos por el beneficio de utilizar un producto sin necesidad de adquirirlo, por ejemplo cuando compartimos coche. Somos capaces de redistribuir los bienes usados orientándolos hacia otras personas, por ejemplo con las tiendas de segunda mano o un servicio de intercambio de ropa. Y no sólo compartimos materiales, sino también espacio para trabajar (coworking) o para aparcar (parkatmyhouse). Hay personas que, altruistamente, ceden el sofá de su casa para que viajeros desconocidos puedan pasar la noche (couchsurfing). Son quienes, incluso sin saberlo, demuestran que el consumo colaborativo, más que una moda, es una nueva forma de entender el mundo.


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