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«Con el lenguaje los políticos no solo describen la realidad, sino que la construyen»

Luis Arroyo es sin duda uno de las personas más cualificadas a las que hay que acudir para hablar con rigor sobre comunicación política. Una sólida formación y una dilatada trayectoria profesional son avales suficientes para tener en consideración una opinión precedida de conocimiento y sustentada en la experiencia. En la actualidad es presidente de ACOP, Asociación de Comunicación Política, y es además autor del libro «El poder político en escena. Historia, estrategias y liturgias de la comunicación política«, un texto en el que narra a modo de crónica la historia y la práctica de la representación política en un ejercicio muy saludable de lo que ha sido, es, y probablemente será el modo en el que la clase política seduzca a su público objetivo.

Por tanto, nadie mejor que él para analizar con nosotros la actualidad política en España, una actualidad que pasa necesariamente por el grado de desconexión que parece haber entre el ciudadano y la clase política en general, avivado por una crisis económica sin precedentes, que sitúa al político al borde del abismo cada vez que debe pronunciarse sobre los diversos retos que conforman la toma de decisiones en un contexto como el actual.

Pregunta. Desde un punto de vista teórico y aunque parezca una obviedad ¿Qué papel debe jugar la ideología en la confección del discurso político? Y analizando lo que sucede en la actualidad ¿Qué peso específico crees que tiene la ideología política en la batalla campal de reproches y acusaciones que se cruzan los partidos?

Respuesta. Cuidado. Un poco de calma. El descontento con la situación política, que seguramente es un buen indicador de la satisfacción con los partidos políticos, no ha seguido una línea decadente y unívoca en España a lo largo de la democracia. Para nada. El indicador ha sido cíclico: A finales de los 70, con la crisis económica y la crisis de la UCD, por un lado, y luego a principios de los 90 con la nueva crisis económica y la crisis política del PSOE, se produce un incremento brutal – como el de ahora- del descontento ciudadano con la política. Puede verse bien en el gráfico de la página 21 de este estudio: A ese gráfico, que va hasta 1996 más o menos, hay que pegarle este otro.

Lo que se ve claramente es que la desconfianza política es cíclica, en olas, y que éstas están rotundamente relacionadas con la situación económica. De manera que cuando mejore la economía, mejorará la confianza política. Esa “batalla campal” que mencionas es la naturaleza misma del debate político. Lo que sucede es que sienta peor al ciudadano corriente cuando hay crisis económica. Pero batalla hay siempre y es bueno que la haya. La política es precisamente el espacio que nos damos para discutir de lo que es discutible. Para lo otro ya están las matemáticas o la teología.

P. ¿Cómo puede volver a seducir la clase política en general a un electorado con quien guarda cada vez una mayor distancia?

R. Desde la antigua Grecia, los políticos siempre han despertado sospechas. Es inútil pensar que puede ser de otra manera, en general. Ahora bien, sin duda hay margen: cuando la economía vuelva a ir bien, mejorará la cosa. Eso no quiere decir que no se puedan hacer algunas mejoras, pero sólo una recuperación económica (que, por cierto, no será resultado sólo ni fundamental de lo que haga el Gobierno, sino del contexto internacional) surtirá un efecto real en la confianza en los políticos. Para ponerte un ejemplo del cuidado que hay que tener con todo esto, fíjate qué paradoja: la gente más informada, más activa, que lee más y participa más, resulta ser la más politizada y la más cerrada. (esto está superconstatado por la sociología, pero piensa si no en algún amigo tuyo que sea muy activo políticamente): no hay quien cambie su opinión. Sin embargo, los más pasivos, los más desinteresados, son más abiertos a considerar diversos argumentos, son “Smart idiots”, como ha dicho alguien: “idiotas inteligentes”, si vale la expresión un poco bruta.

P. En un discurso cargado de eufemismos cuyo objeto es el de evitar la pronunciación de ciertas palabras prohibidas ¿No crees que perjudica al político que se ve rectificado drásticamente por los mercados y la cruda realidad?¿Piensas que para la clase política la utilización de este tipo de eufemismos es un instrumento de comunicación realmente efectivo?

R. Por supuesto que no. El lenguaje es fundamental y con él los políticos no solo describen la realidad, sino que la construyen. Pero dentro de unos límites. Si todo el mundo dice crisis, no podemos evitar decir crisis. Si todo el mundo dice rescate, es mejor decir rescate y no “crédito en condiciones especiales”. Pero lo importante es la narrativa general. El Gobierno en eso no es tan torpe como se cree. Lo que nos cuenta es que está operando a un paciente en estado muy grave y que habrá que hacer cosas duras. Cuando se recupere, aunque venga sin brazos ni pulmón, tendremos que dar las gracias al cirujano. Lo digo con toda la ironía, claro, pero estoy seguro de que ese relato a Rajoy le puede no solo salvar la legislatura, sino garantizar que es relegido.

P. En la actualidad parece que los gobiernos viven anquilosados en una postura de la que no les mueve ni la realidad ni la opinión del propio ciudadano. Estratégicamente ¿Puede considerarse un error el «cierre de filas» que se produce en el gobierno, sea quien sea, en periodos de crisis como el que vivimos?

R. No, para nada. Es un acierto. La gente quiere un Gobierno unido. De hecho, lo que penaliza ahora al Gobierno es que haya diferencias de opinión en su seno, o contradicciones. En crisis la gente se vuelve más conservadora, más autoritaria, reclama fuerza y timón firme.

P. Desde un punto de vista de comunicación ¿De qué instrumentos debe valerse la clase política para construir un clima conciliador y de optimismo a una sociedad a la que cada vez se le exigen más sacrificios? Y por otro lado ¿Cómo puede establecerse una relación más estrecha entre el ciudadano y sus representantes?

R. La gente no quiere una “relación más estrecha con sus representantes”. A la gente eso le da bastante igual, en general. Lo que quiere es que los políticos hagan su trabajo, que se impliquen, que se pongan del lado de la gente corriente, y que no medren ni enreden ni hagan el vago. Con respecto a la exigencia de sacrificios, la clave es que se vea que se pide más a quien más tiene (bancos, poderosos, grandes empresas, etc…). En eso es en lo que la izquierda moderada está fallando estrepitosamente. Claro que es muy difícil si pensamos que a quien primero deben dinero los políticos es a los bancos. Por otro lado, en el caso particular de Rajoy, lo que yo creo que podría hacer es mostrarse más cerca de la gente. Quisiera ver a un presidente que se explica mejor, más implicado, sin corbata y con mangas arriba, hoy con los pescadores gallegos, mañana con las mujeres que hacen la vendimia en Rioja… Pero me temo que su personalidad está muy distante de ese liderazgo. Rajoy es un burócrata muy poco emocionante.

P. Luis, en tu opinión ¿Piensas que estamos ante una etapa en la que se van a producir profundas reformas en la estructura política de España? Cambios en la organización y financiación de los partidos, en el Parlamento, en el Senado, en las CCAA, en la Ley Electoral, etc. Si es así ¿Hacia qué modelo crees que nos encaminamos y cuáles van a ser las claves del nuevo escenario desde un punto de vista de comunicación?

R. No lo sé, la verdad. Grandes cambios en la ley electoral no veo porque los dos grandes partidos no lo consideran necesario. Y tiene lógica. Las listas abiertas serían un desastre. Nadie sabe quién está en el número dos o tres o veinte de la lista, y si dejas que los candidatos peleen por ese puesto, pelearán más, gastarán más dinero y se corromperán más. Lo ideal sería que el Congreso fuera un poco más proporcional, para lo cual bastaría cambiar la circuscripcción (haciéndola autonómica) y ampliar el número de escaños a 400. Pero a ver quién es el guapo que reclama más políticos y que pelea con los nacionalistas. El Senado, por lo demás, debería cerrarse si no se convierte de verdad en la Cámara territorial, que es su objetivo inicial. Todo esto, además, se quedará pequeño con el gran desafío que tenemos ahora, que es Cataluña y, pronto, Euskadi.


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Juan Carlos Navarro

Emprendedor...O más bien explorador (me gusta más). Fundador de @ideasclavemag @marketinlife y @genexigente Mi máxima: el aprendizaje constante.

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